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lunes, 24 de marzo de 2014

ARMAGEDDON ME HIZO PEDIRLE PERDÓN




Hacía ejercicio viendo Armageddon, la película que infinitamente me hará llorar. En pleno llanto, me di cuenta lo bruja y malvada que había sido con un hombre que me pretendía algunos meses atrás. No tengo respuesta a por qué precisamente me acorde de él, pero fue así. Corrí a mi lap como loca desesperada y me puse a revisar nuestras conversaciones de face, y en serio que me dio pena leerme.

De pronto era una mujer totalmente engreída, con una seguridad pesada, de esas que caen mal. Entre más leía más me asustaba y me apenaba. No quería seguir leyendo, me preguntaba ¿Cómo pude ser capaz de comportarme tan maldita? Podría escribir algunos de los calificativos que merecía: arrogancia, egocentrismo, vanidad… creo que con eso es suficiente para puntualizar.

Al final me pregunté: “Pero ¿qué me he creído?” Pensé: Imagina que sucediera lo mismo. Que mi gobierno de pronto me dice que el planeta va a ser destruido por un meteorito en menos de veinticuatro horas, que quizá mañana no veré el día y yo portándome como una niñita engreída, creyendo estúpidamente que ser así me volvería interesante e inalcanzable.

Después de unos minutos pensando en disculparme decidí hacerlo, por la razón de no estar segura de que mañana tendría otra oportunidad. Lo busqué, le pedí que no pensara que estaba loca pero que me quería disculpar por mi horrible comportamiento. Como todo un caballero dijo no haber problema y agradeció mi gesto.

Yo por mi lado, me di cuenta que a veces queriendo parecer o aparentar ser mujeres interesantes, fuertes, seguras y sínicas logramos ahuyentar a los hombres que lo que buscan es tu lado más humano… Y digo aparentar porque realmente yo soy así, toda cursi, sentimental y noble. Ser arpía me costó caro, leerme y descubrir esa faceta de mí me hizo sentir tan mal que lo que sucedió fue que tomé una cucharada de mi propio veneno.

Si tienes que pedir perdón por algo, hazlo, ahora y no después.El tiempo pasa sin detenerse, ni para que tomes un respiro o pienses las cosas, disculparse no tiene nada que ver con pensarlo bien. Te sentirás mas ligero... te lo aseguro!!! 

Kisses & Love
Jen. 









lunes, 14 de octubre de 2013

¿POR QUÉ NO NOS ECHAMOS PORRAS COMO LO HACEMOS CON OTROS?




Este fin de semana que pasó me di cuenta de una cosa que hacemos muchos de nosotros y que antes no lo había visto. Es de esas veces que te cae el veinte de algo que estuvo ahí siempre, y que quizá te das cuenta de ello cuando estás en un punto en el que buscas respuestas a preguntas que no has podido contestar. Para no hacer el cuento largo, ahora que fue le partido de México y la pelea de Márquez encontré a muchos seguidores apasionados, entregando el corazón y el apoyo incondicional a sus “gallos”, enojándose cuando se hacía una injusticia dentro de la cancha o el ring, exigiendo a voz alzada un buen desempeño a los protagonistas de esa noche. Vivían un momento apasionante y cargado de energía que les regalaban sin ningún reproche o enojo. 

Pero… ¿Qué sucede cuando se trata de nosotros, cuando se trata de nuestras travesías, emprendimientos… nuestras “cosas importantes”?, honestamente no somos igual de entregados, apasionados, efusivos y exigentes con nosotros mismos. Y me pregunto con verdadera sorpresa y espanto Por qué??????? ¿Por qué no somos en nuestra propia vida como lo somos detrás de un televisor o en las gradas de una cancha? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo tomar tan enserio nuestros retos o compromisos como lo hacemos con un equipo? Inclusive con nuestros amigos, tendemos a tratar de animarlos todo el tiempo, pero por lo regular somos incapaces de hacerlo para nosotros mismos.

Y no es que esté mal que tengamos gusto por apoyar a equipos o personas que representan a nuestro país, pero, qué tan continuamente nos consideramos héroes de nuestras propias vidas así como se consideran héroes a los futbolistas, qué tan seguido nos echamos porras como lo hacemos al ver a un Márquez o a una selección. No estaría mal también considerarnos ídolos de nuestra vida.

Quizá si imprimiéramos el mismo empeño, coraje y nos echáramos las mismas porras a lo que nos decidimos a emprender podríamos lograr grandes y mejores resultados de los que hasta ahora hemos tenido.

Kisses & Love
Jen. 

miércoles, 9 de octubre de 2013

TÚ TAMBIÉN TIENES MOMENTOS EXTRAORDINARIOS






Quizá muchas veces estamos demasiado ocupados para prestar atención a cosas que a simple vista parecen pequeñas o insignificantes y que en realidad tiene un tremendo valor personal.  
En una ocasión bajando de mi cuarto a la cocina, me topé con un visitante poco común y bastante inmóvil. Cuando me acerque a ver la pequeña mancha que había en un escalón vi como un palito... ¡Sí un palito!, algo no andaba bien pues no tenía forma, el color obscuro de las escaleras impedía que me diera cuenta que tenía en frente de mi un colibrí. Inmediatamente me acerqué y lo tomé delicadamente, lo primero que pensé es que mi perra lo había lastimado, pues parecía que tenía afición por perseguir a los pajaritos y chuparlos, “algo parecido a silvestre”. Al tratar de inspeccionarlo voló de mi mano y quedó prendido de las cortinas del comedor, por suerte no estaba lastimado ni chupado, pero me pude dar cuenta que no volaba como normalmente lo hacía un colibrí, así que lo tomé de nuevo entre mis manos y le llamé a mi papa. Él me dijo que no lo dejara volar fuera de la casa porque las aves de noche no ven y corría peligro, y respecto a que no volaba como acostumbran hacerlo, me sugirió que le acercara agua con azúcar. Seguí las indicaciones al pie de la letra, y para mi sorpresa el realmente tomaba del agua... fue asombroso ver como lo hacía paradito en la orilla de una taza, muy bien portadito sin volar. Ahora faltaba resolver el hecho de que no lo podía dejar libre. Tomé una caja de zapatos, le puse una pequeña toalla en el fondo, sobre de ella acomodé un pequeño molde con agua y azúcar, me subí a mi cuarto, dejé la caja en el buró que está a un costado de mi cama y puse al colibrí adentro de ella. El quietecito sólo se limitó a subirse al borde del molde, como lo había hecho con la taza, y ahí se quedó quieto. Cerré mi cuarto y me dispuse a dormir. La verdad es que no pude hacerlo, me despertaba continuamente para saber si él estaba bien y si seguía vivo.A la mañana siguiente me desperté y rectifique que siguiera con vida, para mi tranquilidad así era. Lo tomé en mis manos, le agradecí por visitarme y lo lleve a la terraza, en donde le di un beso y lo deje libre. Ahora si volaba con la rapidez con la que lo hacen.Recapitulando los hechos, me di cuenta que era tremendamente afortunada. Yo había tenido la fortuna de tener uno de esos animalitos en mis manos, esos que dicen que es difícil de tocar ¡Yo tuve el privilegio de tenerlo en mi manos y que durmiera en mi cuarto! 

Con esto quiero decir que  me di cuenta que en nuestra vida hay momentos extraordinarios, aunque a simple vista sean ordinarios no lo son. A veces por las preocupaciones, los enojos, el estrés y muchas cosas más dejamos de maravillarnos del mudo que nos rodea, Paulo Cohelo nos deja una excelente reflexión en su libro “El Alquimista”, podemos tener objetivos que nos demanden atención pero eso no implica que dejemos de observar lo hermoso que nos abraza día con día.Esos momentos nos hacen creer de cierta manera en que las cosas buenas nos pasan a cada instante, sólo que debemos saber apreciarlas, abrir bien los ojos a lo hermoso, enigmático, sorpresivo e inesperado que nos sucede. 

Estoy segura de que tú tienes tus momentos EXTRAORNIDARIOS todos los días.Esos momentos nos hacen creer de cierta manera en que las cosas buenas nos pasan a cada instante, sólo que debemos saber apreciarlas, abrir bien los ojos a lo hermoso, enigmático, sorpresivo e inesperado que nos sucede. 
kisses & love
Jen.