Hace unos días leí una frase que
decía “Las personas que más queremos tienen una capacidad enorme de
desilusionarnos” y entonces ahí estaba yo, haciendo una lista extensa de las
personas que me habían lastimado, desilusionado o decepcionado, en mi caso era
cierto lo que leía, y creo que el de muchas y muchos de ustedes también.
Parecía algo raro encontrar que esas personas eran justamente a las que más
tenía estima y cariño.
¿Pero eran verdaderamente
culpables? O ¿Existía una pequeña o quizá enorme posibilidad de que fueran
inocentes? Era la segunda pregunta que campaneaba en mi cabeza. No, no y no, me
niego a pensar que los demás tienen la culpa de nuestras desdichas, siempre lo
he pensado, y ahora no debía ser la excepción. No era necesario estar ante un
jurado para dar el veredicto de que esas personas eran total y absolutamente
inocentes.
Si antes hubiera dado el tiempo a
este tema habría ahorrado lágrimas, corajes, tristezas y dramas. No es que esas
personas a las que tenemos más aprecio tuvieran una capacidad o don para
lastimarnos, es que nosotros nos volvimos exigentes con ellas, elevamos
nuestras expectativas, como si nuestros sentimientos fuera como las acciones
cotizando, entre mejor sea la empresa más caras, entre mayor nuestros
sentimientos más caro es para los demás tenerlos en tregua y satisfechos.
Mientras más queremos a alguien más
la idealizamos, más buscamos que sea como quisiéramos, más queremos que cumpla
nuestras demandas, más le exigimos por temor a que tenga defectos, manías,
maneras de ser que nos molesten o lastimen. Pero ¡por favor!, el cariño no es
un trueque entre la perfección de alguien más por la entrega total de nosotros.
Es muy probable que se pueda
disminuir la tendencia a salir heridos de amistades o noviazgos si estamos
dispuestos a dejar de exigir tanto a los que queremos y dejar de tomarnos todo
personal. Las personas se equivocarán y cometerán errores y es ahí cuando nos
daremos cuenta si nuestro amor es puro, capaz de entender que son seres humanos
con debilidades y distintas percepciones y no robots a nuestro servicio para
mantener nuestra tranquilidad emocional.
Jen.

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