miércoles, 9 de octubre de 2013

TÚ TAMBIÉN TIENES MOMENTOS EXTRAORDINARIOS






Quizá muchas veces estamos demasiado ocupados para prestar atención a cosas que a simple vista parecen pequeñas o insignificantes y que en realidad tiene un tremendo valor personal.  
En una ocasión bajando de mi cuarto a la cocina, me topé con un visitante poco común y bastante inmóvil. Cuando me acerque a ver la pequeña mancha que había en un escalón vi como un palito... ¡Sí un palito!, algo no andaba bien pues no tenía forma, el color obscuro de las escaleras impedía que me diera cuenta que tenía en frente de mi un colibrí. Inmediatamente me acerqué y lo tomé delicadamente, lo primero que pensé es que mi perra lo había lastimado, pues parecía que tenía afición por perseguir a los pajaritos y chuparlos, “algo parecido a silvestre”. Al tratar de inspeccionarlo voló de mi mano y quedó prendido de las cortinas del comedor, por suerte no estaba lastimado ni chupado, pero me pude dar cuenta que no volaba como normalmente lo hacía un colibrí, así que lo tomé de nuevo entre mis manos y le llamé a mi papa. Él me dijo que no lo dejara volar fuera de la casa porque las aves de noche no ven y corría peligro, y respecto a que no volaba como acostumbran hacerlo, me sugirió que le acercara agua con azúcar. Seguí las indicaciones al pie de la letra, y para mi sorpresa el realmente tomaba del agua... fue asombroso ver como lo hacía paradito en la orilla de una taza, muy bien portadito sin volar. Ahora faltaba resolver el hecho de que no lo podía dejar libre. Tomé una caja de zapatos, le puse una pequeña toalla en el fondo, sobre de ella acomodé un pequeño molde con agua y azúcar, me subí a mi cuarto, dejé la caja en el buró que está a un costado de mi cama y puse al colibrí adentro de ella. El quietecito sólo se limitó a subirse al borde del molde, como lo había hecho con la taza, y ahí se quedó quieto. Cerré mi cuarto y me dispuse a dormir. La verdad es que no pude hacerlo, me despertaba continuamente para saber si él estaba bien y si seguía vivo.A la mañana siguiente me desperté y rectifique que siguiera con vida, para mi tranquilidad así era. Lo tomé en mis manos, le agradecí por visitarme y lo lleve a la terraza, en donde le di un beso y lo deje libre. Ahora si volaba con la rapidez con la que lo hacen.Recapitulando los hechos, me di cuenta que era tremendamente afortunada. Yo había tenido la fortuna de tener uno de esos animalitos en mis manos, esos que dicen que es difícil de tocar ¡Yo tuve el privilegio de tenerlo en mi manos y que durmiera en mi cuarto! 

Con esto quiero decir que  me di cuenta que en nuestra vida hay momentos extraordinarios, aunque a simple vista sean ordinarios no lo son. A veces por las preocupaciones, los enojos, el estrés y muchas cosas más dejamos de maravillarnos del mudo que nos rodea, Paulo Cohelo nos deja una excelente reflexión en su libro “El Alquimista”, podemos tener objetivos que nos demanden atención pero eso no implica que dejemos de observar lo hermoso que nos abraza día con día.Esos momentos nos hacen creer de cierta manera en que las cosas buenas nos pasan a cada instante, sólo que debemos saber apreciarlas, abrir bien los ojos a lo hermoso, enigmático, sorpresivo e inesperado que nos sucede. 

Estoy segura de que tú tienes tus momentos EXTRAORNIDARIOS todos los días.Esos momentos nos hacen creer de cierta manera en que las cosas buenas nos pasan a cada instante, sólo que debemos saber apreciarlas, abrir bien los ojos a lo hermoso, enigmático, sorpresivo e inesperado que nos sucede. 
kisses & love
Jen. 


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